Málaga Digital

Susana Díaz no tiene un plan para Málaga

Iván González, líder de Libres | Opinión

14/01/2017 00:01

El Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA) es el único de sus características en Andalucía que aún no tiene sede física. Sus dependencias están repartidas por los sótanos de varios hospitales y en centros propios de la Universidad de Málaga.


Este desequilibrio, en parte, explica el bajo potencial que padece actualmente la investigación andaluza, más preocupada por enchufar a afines, que apostar por investigadores del máximo nivel posible. Todo ello, sin perder de vista el hecho de que, según el Instituto de Salud de Carlos III (dependiente del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad), ningún instituto andaluz se encuentra entre los diez primeros de España. No obstante, la actividad científica de Málaga es la segunda más importante de Andalucía, por detrás de la de Sevilla.


A pesar de estos malos resultados, de los que no tendría por qué sentirse orgulloso el gobierno de Susana Díaz, la Junta de Andalucía no tiene reparos en aparcar a Málaga en el máximo de los ostracismos. En cambio, el trato dispensado por la Junta, tanto para con Sevilla -que ya cuenta con el Instituto Biomédico de Sevilla (IBIS)-, a Granada -dotada con el Centro de Investigación Biomédica de Granada (CIBM)-, y hacia Córdoba -con el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC)-, ha sido más favorable. Estas ciudades andaluzas disponen hoy de un edificio moderno y funcional, cuya construcción se inició en la misma fecha que la prevista para el IBIMA. Sin embargo, el proyecto para Málaga se quedó tan sólo en la primera piedra, a pesar de que fuera incluso acreditado por el Instituto Carlos III, escasamente, hace dos años.


Una vez más, nuestra provincia sigue siendo víctima de las promesas incumplidas por parte del Gobierno andaluz, después de que José Antonio Griñán anunciara un presupuesto de 15 millones de euros para la construcción del IBIMA, justo la misma cantidad que, según la Junta, costaría hoy la rehabilitación del antiguo edificio de Correos de Málaga, un inmueble que sigue siendo patrimonio de todos los andaluces, y que la Dirección General de Patrimonio de la Administración andaluza pretende vender al mejor postor, una vez que obtenga del Ayuntamiento de Málaga, un certificado de recalificación que permita un uso comercial para este inmueble.


Personalmente, no estoy de acuerdo con su venta. Lo más sensato es no venderlo, y utilizarlo para albergar la nueva sede del IBIMA, quedando espacio, además, para instalar un vivero de empresas tecnológicas o startups. Con esto, se obtendría un centro médico tecnológico de grandes dimensiones, pionero en España, que combinaría la investigación biomédica con la innovación, el desarrollo y la investigación tecnológicos, haciendo de Málaga una ciudad atractiva para el asentamiento de pequeñas y medianas empresas que contribuyeran, tanto a la revolución digital, como al avance en la investigación biomédica mundial.


El antiguo edificio de Correos se construyó en el año 1986 para albergar los servicios centrales de Correos, su coste fue de 4,2 millones de euros y cuenta con una superficie de 16.780 metros cuadrados, repartidos en 13 plantas. Sin olvidar los 2.500 m2 de aparcamientos y los 2.200 m2 de su planta baja. En 2010, su titularidad pasó a la Junta de Andalucía como parte del pago por la deuda moral e histórica que el Estado central tenía contraída con Andalucía. Entonces, fue tasado en 30 millones de euros.


Pero el principal problema que ahora tiene la Junta de Andalucía es que no puede desprenderse de él por culpa de un mero trámite burocrático que depende del Consistorio malagueño. El Gobierno andaluz no puede venderlo porque en el actual Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Málaga, el edificio está catalogado como equipamiento de interés público -y no de uso comercial-, razón por la cual no ha habido interés por adquirirlo.


Entiendo, por tanto, que el modelo productivo de Málaga no debe basarse sólo en la industria del turismo, ni hay por qué basarlo en convertir en hotel cada edificación emblemática del Centro histórico. Nuestra actividad productiva debe diversificarse hacia otros ámbitos que generen, a medio y largo plazo, un futuro lleno de prosperidad sin incurrir en miopías cortoplacistas, por y para el beneficio de generaciones venideras de malagueños.


Últimamente, Málaga no deja de ver incrementado el número de visitas turísticas, y no menos cierto es que, este hecho obliga a la ciudad a incrementar su número de plazas hoteleras. Sin embargo, debemos ponderar esta necesidad. Es más prudente crear plazas hoteleras de forma progresiva, analizando pormenorizadamente las fluctuaciones del mercado turístico. En la mayoría de los casos, las previsiones se basan en pronósticos que, implícitamente, conllevan un cierto margen de error. Lo que no garantiza que en los próximos años vaya a seguir aumentando el número de visitas turísticas, e incluso, podrían disminuir.


Como malagueño, lamento profundamente que la Junta de Andalucía no tenga un plan para Málaga, a la vez que el concejal del Partido Popular responsable de la Ordenación del Territorio y de la Vivienda del Gobierno local, Francisco Pomares, no ve ningún tipo de problema en recalificar el uso del antiguo edificio de Correos. Por tanto, cabría deducir que ambos gobiernos, tanto el regional del PSOE en Sevilla, como el municipal del PP en Málaga, serían corresponsables del error histórico que supondría vender un bien que es fundamental para el desarrollo y la prosperidad de nuestra ciudad.


Sin embargo, la Junta de Andalucía no ha tenido reparos en dejar el edificio cerrado a cal y canto durante 6 años, sin importarle el deterioro que ha sufrido a lo largo de todo este tiempo -ofreciendo una lamentable estampa de abandono-, a la vez que ha ido generando un excesivo gasto en forma de impuestos.  


La presidenta andaluza ha de saber que el modelo productivo de Málaga es rico, atractivo y diverso, que no sólo la convierte en la capital turística de Andalucía, sino que a su vez, le permite a la ciudad aspirar a convertirse en un referente tanto cultural como empresarial para toda Europa y el resto del mundo.


Málaga, además, es cuna de los últimos avances, tanto en tecnología como en investigación biomédica. Y ésta es, otro de los ámbitos en los que la Junta de Andalucía queda en evidencia para con nuestra provincia.


Actualmente, los científicos que pertenecen al IBIMA están realizando su actividad en condiciones deplorables. Los laboratorios hospitalarios han sido emplazados en sótanos, en reducidos espacios con escasa iluminación natural, en los que apenas se cuenta con recursos materiales para la investigación. Tal es la precariedad, que alguno de estos investigadores se ha visto en la obligación de alquilar un piso y pagarlo de su bolsillo, para poder seguir investigando con la comodidad de la que se carece en las instalaciones sanitarias dependientes del Sistema Sanitario Público Andaluz.


¿Este es el plan de actuación que la Junta de Andalucía tiene para nuestra ciudad en materia de investigación biomédica? Sonroja que por calidad, la actividad investigadora del IBIMA sea casi líder en Andalucía y, aún hoy, no disponga de unas instalaciones unificadas, dentro de un mismo edificio, en las que poder reunir a todos sus investigadores y establecer sinergias entre ellos.


Libres considera que la gestión sanitaria de la Junta de Andalucía en Málaga es deficitaria, no sólo por la baja inversión en recursos tanto materiales como humanos, sino también por su supina ineficiencia. Valga como ejemplo el siguiente caso. La Junta contó con la ayuda de los Fondos FEDER en un 70% -junto con el apoyo del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad-, para construir el Centro Andaluz de Nanomedicina y Biotecnología (Bionand), con una superficie de 6.500 m2. Es un edificio situado en el PTA, cuyo interior “está diseñado con un espacio abierto que favorece la interrelación entre los diferentes grupos de investigadores y facilita nuevas formas de trabajo basadas en la complementariedad y la colaboración entre las distintas disciplinas científicas”, según se puede leer en su sitio web www.bionand.es. Hoy, sin embargo, el edificio no está funcionando a pleno rendimiento, mientras que su aportación a la investigación biomédica ofrece dudas, no quedando claro el cumplimiento de los objetivos para los que fue construido, que son los de transferir resultados a la sociedad en forma de avances, para el conocimiento, diagnóstico y tratamiento de enfermedades.


Por tanto, el Bionand -con un edificio infrautilizado-, por un lado, y el IBIMA -sin sede propia-, por el otro, centro e instituto, ambos dependientes de la Fundación Pública Andaluza para la Investigación de Málaga en Biomedicina y Salud (FIMABIS), forman parte de una ecuación desajustada. Deja de ser sensato invertir tanto dinero en excelencia, cuando la investigación básica para la Biomedicina en Málaga vive, actualmente, bajo una tremenda situación de precariedad, sin un edificio que reúna a todos los científicos malagueños, posibilite la investigación conjunta y permita sinergias entre los profesionales de todas las disciplinas.


Bajo mi punto de vista y el de mi partido, la solución pasaría por el traslado al Bionand de todos aquellos investigadores del IBIMA, que para su labor diaria, no necesiten permanecer, estrechamente, junto a pacientes hospitalarios. Esta medida, tan urgente como factible, no tiene por qué significar, ni mucho menos, el abandonar el Programa Andaluz de Investigación en Nanomedicina. El Bionand tiene hoy cabida suficiente, tanto para mantener a los escasos investigadores dedicados a la Nanomedicina, como para acoger al resto de investigadores del IBIMA que así lo soliciten. Significaría un gran despilfarro, si se desaprovechase la mucha aparatología de última generación de que dispone -siendo de un coste muy elevado-, cuando podría ayudar mucho a la labor de los investigadores del IBIMA, que aun no dedicándose a la Nanotecnología, sí lo hacen al estudio e investigación del resto de la Biomedicina, algo que sigue siendo muy importante, no sólo para la sociedad malagueña sino también para el resto de la humanidad. Sin dejar escapar que, desde mi humilde punto de vista, la actividad científica de los investigadores del IBIMA es la mejor de Andalucía.


Susana Díaz, quien está más pendiente de migrar a Ferraz que de ocuparse de los problemas de los andaluces, no tiene un plan para Málaga. Sólo me queda pedir a mis conciudadanos que abran los ojos para decirles que estoy a su disposición. Siempre.




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