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Joaquín Campos: “Me gusta estar fuera de los cauces legales de la literatura"

 
Joaquín Campos Justo Fernández

Justo Fernández | Cultura

10/06/2019 00:26

Dentro de la literatura se puede encontrar la autocensura como parte de una venta segura y, sobre todo, de un autoficción completamente viciada por conseguir obtener un record en ventas, que al final no lleva a ningún lado. Por ello, Joaquin Campos, malagueño de nacimiento y nómada literario de profesión, se desglosa en los sentimientos, para mostrar la diferencia entre la realidad vivida por un escritor que desea, sin ningún tipo de acopio, escribir por encima de todo.


Joaquin residió en Asia desde el año 2007 hasta que en el 2018, donde se trasladó a África, para seguir su senda literaria. Y, según sus palabras, "la autocensura es uno de los mayores desprestigios del ser humano".


Ha nacido en Málaga, ¿qué le llevo desde el año 2017 a vivir en África pasando 12 años en Asia?


Yo trabajo en la hostelería y la razón para irme de España era una necesidad de encontrar otra parte en el mundo, ya que sabía que el mundo se había acabado en Málaga y después en España. Europa no me tiraba, y esa fue la razón por la que me fui a Asia. Aunque todavía no tenía muy claro lo que iba a ser mi trabajo, que no tenía aun nada que ver con la literatura, ya me puse una meta: escribir. Comencé con Blogs, Bitácoras y alguna colaboración con medios, hasta que llegó mi primer libro ‘Faltan moscas para tanta mierda’.


La razón de estar en África es porque he ido puliendo mi trabajo, que me permite comprar tiempo, a base de dinero y esfuerzo, para poder publicar mis obras, hacer las giras, mis vacaciones y, si fuese necesario, en excedencias.


Su vida está en un perpetuo viaje,  ¿Qué siente un escritor al estar encima de las nubes?


No me gusta citar por mi poca memoria, pero como dijo el poeta e inventor granadino, José Val del Omar, estoy “eternamente en vuelo”.


Me gusta estar fuera de los cauces legales de la literatura, eso que antes llamaban “políticamente incorrecto”, y que ya se me ha quedado corto. Creo que debemos de estar por encima de la estratosfera y por debajo de cualquier capa llegando al infierno. Pero nosotros tenemos que contar lo que la gente no cuenta, pero hace o piensa, y eso es lo que me interesa y lo que está mis libros.


¿Por qué ‘Últimas  Esperanza’?


Porque son las últimas esperanzas de Amador Paneque, que es un escritor español que vive en Mongolia y que busca, desesperadamente, un éxito que cree que lo tiene seguro yendo a Estados Unidos con ayuda ajena, en concreto de diplomáticos estadounidenses, que le dejan una casa, dinero, vino y un apartamento, para que busque a un editor que consiga que su carrera despegue en los Estados Unidos.


Hoy día si consigues publicar en inglés, por culpa de la cantidad de millones de hablantes de lengua inglesa, metes un pequeño pelotazo y puedes vivir de la literatura. Aunque Amador Paneque es un fracasado en venta, que cree que puede salir a adelante, no hay nada más lejos de la realidad, y por eso ‘Últimas Esperanzas’.


¿Cómo ve desde dentro un escritor la situación de la literatura actual? ¿Se innova o se sigue en la misma línea?


Tengo la inmensa suerte de vivir fuera de España y no pertenecer a ningún corrillo, pero aunque tengo muchos amigos literatos y escritores que me aman, yo al final no estoy aquí.


El tiempo que un escritor malagueño, soriano o cacereño, se dedique a escribir como yo y a hacer una gira, se traduce en que él tiene la fuerza y la posibilidad de conseguir muchas más metas que yo, ya que yo no estoy en España. Entonces para que a mí me inviten a un festival como el de La Térmica, Málaga 451: la noche de los libros, que era la primera vez que me ocurría, y ahora me voy al festival de poesía, ‘Voces del Extremo’ en Huelva. ¿Qué quiere decir todo esto? Que yo puedo escribir mucho más que vender mi cuerpo, mi trabajo, mi nombre, mi imagen, mi locura o no, y eso me lleva a una eterna duda que es: volver a España para ayudar a que yo consiga más ventas y más éxito o, por el contrario, mantenerme en la inopia y la alegría de esa estratosfera, que es vivir en cabo verde o en Camboya, donde todo lo que yo escribo, si no fuese por las redes sociales, no valdría para nada.


A raíz de la última cuestión, en la actualidad están muy de moda las novelas de autoficción. ¿Qué piensa Joaquín Campos de ello?


Intento evadirme de las modas para escribir lo que quiero, lo que siento y, sobre todo, lo que siento, que a veces se asocia a la autoficción o a lo extremamente ridículo realismo sucio, que asocian con Henry Miller o con Bukowski, con las que yo debería sentirme orgulloso, pero ninguno ha tenido ninguna afluencia sobre mí.


Creo que al final cada uno tiene que escribir lo que sienta, y no dejarse llevar por las corrientes. Dudo mucho que los contenidos que yo escriba sean para que, en un futuro, yo me encumbre como una estrella de la literatura. Pero no quiero entrar en los cauces normales que me permitan tener más seguidores y, si los hay, que se acerquen a mí por lo que hago, no por modificar mi propio AND, ya que eso no tendría ningún sentido.


El personaje de Amador de su última novela, se pregunta por la vida, ¿y usted?


Yo tengo ya la vida resuelta, en el sentido mental. Me fui a china sabiendo que quería ser escritor, y ahora he conseguido ser escritor, pero no por decirlo, sino porque ejerzo de escritor; mi vida se basa y gira entorno a la literatura, aunque trabaje doce hora en una multinacional, yo siempre estoy pensando en ese tiempo libre para escribir. Mi vida ya está decidida. Quiero que mi familia esté bien y mi mujer, con la que me casé hace un mes, también esté bien, y que mi círculo más cercano esté bien, pero mi preferencia única por encima de todas es escribir, y seguir proyectando mi vida entorno a giras, libros, declamaciones de poemas, y a festivales y, sobre todo, a crecer como persona, puesto que no tengo otro interés mayor que éste.


¿Cómo ha sido recibido su libro fuera de las fronteras españolas?

Fuera de España creo que poquita gente lo ha comprado, ya que salió hace poco pero, según la editorial, hay gente de Tailandia, Portugal y Japón, que lo ha adquirido. Pero para saber lo que opina el mundo exterior de mi obra, esta tendría que estar traducida a otras lenguas, ya que sería la única manera de que me conozcan.


La sexualidad es un tema que ocupa muchas páginas en sus novelas, pero, ¿qué aporta esta vez a su nuevo libro? ¿Cae en el tópico o en la redundancia?


Estoy intentando que la sexualidad no sea el motor de todos mis personajes, pero te puedo asegurar que la mayoría de las personas que conozco, o no, piensan en sexo, sean hombres o mujeres, ya que la gente quiere ser abrazada, fornicar y besar, darse un masaje, o ir a un prostíbulo que se puede encontrar en cualquier carretera de este mundo. Lo que cuento de este personaje no es más que la realidad y, como digo, no nos podemos rasgar las vestiduras porque contemos verdades que nos afectan en público, pero que en privado nos fascinan y nos sacian, como el yonqui necesita de su droga.


El personaje se hace más mayor y tiene disfunción eréctil, por lo tanto hay menos sexo. Pero el libro está lleno de acción y de pensamiento. Mis personajes no solo actúan, sino que piensan, y entonces todo lo que piensan está en ‘Últimas Esperanzas’.


¿Morir en la “consumida vejez” o a los “51 años entre vítores y envidias”?    

Yo no quiero morir con 51, pero quiero fallecer con 78. Tampoco quiero ser un vegetal en un carrito tirado por una señora latina, porque mi familia me ha abandonado, y ella sea la única que me quite las mierdas y me limpie los mocos.


Creo que la vida se tiene que vivir al límite y, como te he dicho antes en la escritura, no es un límite continuo, no es la ilegalidad continua del pensamiento juvenil en el que tengas la suerte de no morir de un infarto o que no te detengan, pero lo que no podemos hacer luego es pensar en que tenemos que llegar todos a los 90 años, para que España sea el país con mayor índice de natalidad después de Japón, en una competición por una medalla. Yo no quiero participar en eso, yo quiero participar en mí y en mis circunstancias, pero sin desechar el vino y demás experiencias excitantes. Claro que no quiero morir, pero tampoco aburrirme.


Para cerrar, ¿algún día relatara alguna de sus historias en su Málaga natal?

Para que eso ocurra tendría que vivir en Málaga, pasar una temporada, y no ser subvencionado por medios políticos. No es imposible al tener una profesión que me permite viajar, y espero que algún día pueda vender ese millón de libros que me permita hacer lo que me dé la gana. Pero para escribir sobre Málaga necesitaría una historia infantil sobre mi vida, que no la tengo para nada preparada, y sería algo que rozaría la ficción y no realidad. Para escribir sobre Málaga, tengo que estar en Málaga.



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