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Expertos aseguran que la psicología y la educación pueden reducir en un 43 por ciento la aparición de la ansiedad

 
Expertos miembros del estudio

Málaga Digital | Sociedad

17/11/2017 00:05

Un estudio, liderado por investigadores del Distrito Sanitario Málaga-Valle del Guadalhorce, pertenecientes al Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (IBIMA), Juan Bellón y Patricia Moreno, y en el que han participado también investigadores españoles de la Red de Investigación en Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud (redIAPP), del Instituto de Salud Carlos III, muestra la eficacia de las intervenciones psicológicas y educativas en la prevención de la ansiedad.


El trabajo, publicado por la revista JAMA Psychiatry, de la Asociación Médica Americana, ha supuesto la revisión sistemática y análisis de 29 ensayos clínicos con un total de 10.430 pacientes de 11 países y 4 continentes.


De este modo, y tras este arduo análisis, Juan Bellón, médico del centro de salud de El Palo, y Patricia Moreno, profesional de la Unidad de Promoción y Participación Comunitaria del Distrito, han llegado a la conclusión de que las intervenciones psicológicas cognitivo-conductuales o de otro tipo y también las educativas, llevadas a cabo por especialistas en salud mental, médicos de familia, enfermeras e incluso por maestros en las escuelas, reducen la aparición de nuevos casos de ansiedad en un 43%.


Se trata, según los investigadores de un hallazgo “muy relevante”, ya que una vez que las personas desarrollan un trastorno de ansiedad, existen tratamientos psicológicos y con psicofármacos que son eficaces “sin embargo, no son todo lo eficaces que nos gustaría”, comentan .


La consecuencia -añaden- es que cuando las personas enferman de ansiedad, los tratamientos solo consiguen una reducción limitada del impacto negativo que esta enfermedad produce sobre la salud y la calidad de vida mental y física de las personas y sus familias y también sobre los costes para el sistema sanitario y la sociedad en general.



“Lo que hemos demostrado con nuestro estudio es que las intervenciones preventivas, es decir las que hacemos antes de que se llegue a enfermar de ansiedad, son efectivas y consiguen evitar que el trastorno de ansiedad se inicie; en este sentido funcionarían como lo hacen las vacunas y daría fundamento al conocido ‘más vale prevenir que curar’”, señalan.


No obstante, matizan los profesionales que “con nuestro estudio no podemos saber cuáles de las intervenciones preventivas de la ansiedad son más efectivas, pero si podemos afirmar que el conjunto de ellas son efectivas, en todas las edades y en países y culturas muy diferentes”. En este sentido, exponen que “para que los programas preventivos de la ansiedad tengan el deseado impacto positivo sobre la salud y la sociedad es necesario que lleguen a un gran número de personas sanas pero con factores de riesgo, esto se podría conseguir llevándolos a cabo en las escuelas, en los lugares de trabajo, en la atención primaria e incluso mediante programas implementados desde internet y los teléfonos móviles”.


Por su parte, JAMA Psychiatry  ha puesto de manifiesto la trascendencia del trabajo al dedicarle uno de sus editoriales, donde la revista destaca que los autores han hecho “una contribución única en este campo”, mostrando cómo las intervenciones psicológicas y educativas pueden evitar nuevos casos de desorden por ansiedad a nivel poblacional. Los editores ponen de manifiesto como este grupo investigador español de la RedIAPP ha dado relieve a la prevención e intervención temprana frente a  los efectos de la ansiedad como problema de salud mental a lo largo de la vida.


Segundo trastorno de salud mental por importancia

La ansiedad -distinta de la depresión- se caracteriza por un estado de excesiva preocupación sostenida durante semanas, con dificultades de concentración, irritabilidad, tensión muscular, problemas para conciliar el sueño, fatiga sobrevenida, y malestar que no puede atribuirse a una causa concreta. La ansiedad complica la vida cotidiana de las personas, las sume en un desasosiego permanente  que no consiguen focalizar, acompañado por una sensación de estar en riesgo o amenazadas por factores que no pueden identificar ni controlar.


El trastorno de ansiedad también puede manifestarse en forma de crisis de ansiedad o ataques de pánico e incluso como obsesiones compulsivas. El desorden de ansiedad suele comenzar en la infancia, la adolescencia o en adultos jóvenes y en muchas personas no sólo no desaparece con los años, sino que incluso puede empeorar, contribuyendo además a que a lo largo de la vida se añadan nuevas enfermedades mentales como la depresión o las adicciones. Las relaciones sociales y el rendimiento escolar o laboral se ven afectados con frecuencia.


Entre 2005 y 2015 se estima que el sufrimiento (medido como años vividos con discapacidad) que produce la ansiedad ha experimentado un aumento global del 14,8%, siendo, después de la depresión, la segunda patología en importancia dentro del grupo de los trastornos de salud mental y dependencia a sustancias.




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